Alejo Acuña, docente y director en Iruya (Salta) trabaja junto a su esposa en una escuela de 35 alumnos, a casi 400 kilometros de la capital y 2.900 metros sobre el nivel del mar, caminan entre 10 y 14 horas para llegar. Tienen muchas necesidades, pero ahí están trabajando, con pasión, servicio de vocación, ocupándose de los que mas necesitan.
Sin tener posibilidades de capacitarse surge una oportunidad en una ciudad del sur salteño, la única alternativa era estudiar para maestro. Oportunidad que aprovecho. Estudió y se enamoró de la carrera. Hoy da clases en un elevado lugar montañoso por senderos que bordean precipicios profundos, acompañado por sus tres hijos pequeños y compartiendo la vocación de enseñar junto a su esposa Judith. Ambos dan clases en la Escuela N° 4236 “Fray Bartolomé de las Casas” de Sala Esculla a 355 kilómetros al norte de la capital y a unos 10 kilómetros funciona un aula anexa perteneciente a la misma escuela.
Este colegio nació en 1993 ubicado en la Finca Santiago de la comunidad colla, el cual en el 2007 para evitar que los 35 infantes caminaran mas de 10 horas por día la escuela se transformo en colegio albergue, donde los niños permanecen de lunes a viernes viajando a pie o a lomo de burro los fines de semana. Fue así como el director de 42 años y con 17 años que lleva formando alumnos, eligió ese lugar aparentemente desfavorable pero con sus propias palabras reafirma “Es como si fuera mi casa, encontré mi lugar aquí”.
“Estábamos totalmente incomunicados, pero hubo una fundación que nos ayudó a que se gestionara la instalación de Internet para que podamos saber lo que sucede del otro lado de la montaña, conocen la Argentina por libros, revistas, y ahora por la web. Estamos agradecidos, pero aun así las necesidades son muchas” esto nos decía Alejo, además agregó que “No existe el otoño ni la primavera, porque pasamos de la lluvias bastantes torrenciales a la helada y viento, con condiciones climáticas extremas, por esto los chicos siempre están necesitando ropa y calzados. También cremas humectantes porque en esta época comienza a quebrarse la piel de los chiquitos debido al frío”.
Verdaderamente son ejemplo al mostrar que se puede enseñar y educar bajo cualquier tipo de circunstancia. Es tiempo de sacar a luz a aquellos que se encuentran en el olvido, despertándose en cada uno de nosotros la solidaridad, generando así un accionar que abra nuevos caminos, acercando la ayuda necesaria para todos aquellos que viven en un mundo hostil que la mayoría desconoce. Es tiempo de mirar alrededor e involucrarnos para cambiar esa realidad.
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Por Nancy Infandides

