La búsqueda de rating debería tener ciertas reglas éticas, término que parece incompatible con las leyes de un mercado furioso que reina en nuestra ponderada televisión; todo está permitido, en la selva “farandulezca”, salvo perder.
El punto más alto al que llegó la pelea mediática que mantuvieron la vedette Graciela Alfano y el coreógrafo Aníbal Pachano, puso el tema de la discriminación por cuestiones referidas al VIH/Sida en un lugar central en los medios de comunicación; planteando un fuerte interrogante: ¿siempre debe ser tan mal tratada, bajo todos los conceptos, una problemática que incluye a miles de personas?
Durante ese tiempo público, lucrativo y para nada inocente, panelistas, conductor y auspiciantes validaron insultos, términos discriminatorios y la mejor manera de desinformar sobre el tema, sin dar el valor que requiere la prevención de esta pandemia que se ha cobrado millones de vidas, y que encuentra en ese tipo de situaciones un fuerte aliado.
Según un trabajo realizado por el Equipo de Prevención de las ITS/sida -del Área de Articulación de la Secretaría de Extensión Universitaria y Cultura de la Universidad Nacional de Entre Ríos- la información obtenida por la televisión sobre VIH/Sida sería de un 50 %, “significativo porcentaje que nos lleva a inferir la carencia del contacto cara a cara de la vinculación personal y la interacción entre personas, tan importante cuando hablamos de la sexualidad”.
En el mismo informe explica que se pueden comparar estos resultados con una investigación realizada con alumnos secundarios de la ciudad de Río Cuarto (Córdoba) por Bongiovanni y Doblas (2003), quienes encontraron que la televisión es la fuente principal de información sobre Sida, en tanto que la escuela y los padres están en segundo y tercer lugar.
Las estadísticas reflejan que, tanto en la Argentina como en el mundo, el principal grupo afectado por el Sida es la población juvenil; cómo es entonces la información que obtienen esos grupos mediante el vehículo más masivo de comunicación contemporáneo.
Si bien la ciencia avanzó en el transcurso de estos 30 años, desde la aparición del primer caso, muy distinto es el nivel de los comunicadores o productos televisivos que dicen representar el pulso social. No hacen falta abanderados del virus, ni tanta liviandad, ni siquiera la asidua aparición televisiva de profesionales mimados por la industria farmacéutica que viven espléndidamente del Sida.
Es imprescindible la sensibilidad y solidaridad en los medios, desde la palabra a la acción; desterrando todo vestigio discriminatorio. “Si no existiera la discriminación, no existiría el Sida; la mejor vacuna es la solidaridad”, suele explicar el doctor Francisco “Paco” Maglio, con una amplia trayectoria en el tema.
Por Adriana Vanoli


